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A
pesar de su nombre no hay ninguna relación entre las nebulosas planetarias y
los planetas. Su nombre se debe al astrónomo William Herschel quien en el
siglo XVIII y llevado por la apariencia a menudo circular de estas nebulosas
las relacionó con los discos planetarios. El nombre, aunque pueda llevar a
equívocos, se ha conservado a lo largo de los años. Las nebulosas
planetarias se producen cuando una estrella gigante roja que ha agotado ya
todo su hidrogeno expulsa sus capas exteriores y se puede apreciar una
envoltura de gas que se va expandiendo poco a poco.
S e
dan en el caso de estrellas de tamaño
medio, con una masa entre una y ocho
masas solares, y el objeto remanente termina por convertirse en una estrella
enana blanca. Antes de convertirse en enana blanca, la estrella gigante roja
pasa por etapas de inestabilidad en las que expulsa cantidades apreciables
de masa a velocidades de unos veinte kilómetros por segundo.
Una vez
expulsado, el gas de la nebulosa planetaria se expande y empieza a
difundirse, siendo detectable durante unos treinta mil años, antes de que la
envoltura gaseosa se haya expandido tanto que su material sea demasiado
tenue para poder verse. En el centro de estas nebulosas puede observarse la
estrella enana blanca, el objeto resultante de la estrella originaria.
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La joven nebulosa
planetaria BD+303639 |
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Gemini Observatory, US
National Science Foundation, and the University of Hawaii Institute for
Astronomy |
El
destino del Sol es el convertirse en nebulosa planetaria y terminar sus días
como una enana blanca. Dentro de cinco mil millones de años el Sol agotará
su reserva de hidrógeno y se convertirá en una estrella gigante roja, expandiendose mas allá de la órbita de la Tierra. Algunos cientos de millones
de años después arrojará cerca de la mitad de su masa, y desde sistemas
estelares lejanos podrá observarse una espectacular nebulosa planetaria en
lo que antes era el sistema solar.
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