Venus es el planeta más
próximo a la Tierra y el más brillante del cielo (sin contar al Sol y la
Luna, naturalmente). También es el planeta más parecido a la Tierra en
cuanto a dimensiones, masa, densidad y gravedad (su diámetro es sólo un poco
mas pequeño que el de la Tierra).
Sin embargo, su densa atmósfera de dióxido de carbono y ácido sulfúrico
hacen que sea un lugar muy poco hospitalario: su intenso efecto invernadero
provoca temperaturas en la superficie de hasta 500 º C. Su espesa envoltura
de unos 85 kilómetros de espesor ( frente a los aprox. 10 de la atmósfera
terrestre) provoca que en
la superficie se soporten presiones tremendas, unas 92 veces superiores a
las que existen en la Tierra a nivel del mar.
Courtesy NASA/JPL-Caltech
En las
capas altas de la atmósfera a unos 50 km sobre la superficie inmensas nubes
de ácido sulfúrico de varios km. de espesor se mueven con vientos que
alcanzan los 350 km/h. Estos vientos en superficie son mucho mas lentos
desplazándose con velocidades de unos pocos km/h. Esta densa atmósfera
apenas deja que la luz del Sol llegue a la superficie donde durante el día
reina una penumbra similar a la de un día de intensa niebla en la Tierra.
Además, se suelen producir intensas lluvias de ácido sulfúrico y agua.
Courtesy NASA/JPL-Caltech
La rotación de Venus tiene lugar en sentido contrario a la de la Tierra, de
manera que en Venus el Sol sale por el oeste y se pone por el este. Un día
en Venus dura
mas que un año, ya que su período de traslación es de unos 225 días
terrestres mientras que la rotación dura 243 días terrestres; esto no es así
para las nubes superiores que movidas por fortísimos vientos dan una vuelta
al planeta en algo más de 4 días terrestres.
Courtesy NASA/JPL-Caltech
Por supuesto, la superficie de Venus es absolutamente invisible debido a su
densa atmósfera, pero se ha podido acceder a ella mediante el uso del
radar
que ha mostrado una superficie mayoritariamente llana, con pocos cráteres,
abundantes volcanes inactivos y extensas coladas de lava.