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Europa

Europa es una luna de hielo. Las zonas brillantes de color blanco-azulado se entremezclan con otras regiones moteadas de tonos rojizos y marrones. Todo ello, a su vez surcado por una intricada red de unas finas y larguísimas grietas de tonos rojizos que se extienden a lo largo de miles de kilómetros intersecándose entre ellas en muchos casos. Todo esto ofrece a Europa un aspecto característico e inconfundible.

Europa, satélite de Júpiter

Sin embargo, resulta llamativo que aunque pudieran esperarse profundas depresiones y altos picos sobre su superficie, la realidad es que las cotas mas altas de Europa apenas sobrepasan los pocos centenares de metros convirtiendo así a Europa en el cuerpo mas liso de todo el Sistema Solar.

Sobre la superficie de Europa apenas se aprecian cráteres de impacto, tan sólo unos cuantos grandes cráteres, esto indica inequívocamente que se trata de un satélite con actividad geológica activa que se ha encargado de borrar las huellas de los impactos que de otro modo, como ocurre en otros cuerpos sin actividad geológica, abundarían a lo largo y ancho de toda su superficie.

Prueba adicional de esta actividad geológica son las imágenes cercanas de la superficie de Europa proporcionadas por la sonda Galileo en que se pueden observar grandes bloques de corteza aparentemente flotando a la deriva como icebergs sobre un mar helado. Los surcos que presentan estos grandes bloques los hacen parecer como un puzle gigante cuyas piezas han sido movidas y revueltas desde su posición original.

Este aspecto de puzle desordenado o de cristal roto podría tener su origen en una titánica lucha gravitacional entre Júpiter y el resto de sus satélites que estiran y empujan a la superficie de Europa en diferentes direcciones. Cuando las tensiones en la superficie son insoportables, la corteza se fractura como un cristal que se rompe. Sin embargo no se trataría de un proceso violento sino más bien de un proceso suave y lento.

Otra interesante posibilidad que apuntan algunos científicos es que el calor generado por la continua expansión y contracción de la superficie de Europa pueda llegar a derretir las capas interiores de hielo llegando a formar un océano interior de agua liquida algunos kilómetros bajo la superficie. La posible existencia de agua liquida en Europa abre a su vez la posibilidad de que se haya podido desarrollar vida en estos océanos.

Aunque se trataría de condiciones extremas, el hecho de que en la Tierra se hayan encontrado comunidades de organismos capaces de adaptarse a los ambientes más inhóspitos incluyendo fuentes termales en lo mas profundo del mar, hace pensar a los científicos que si, efectivamente existe un océano de agua liquida bajo la superficie de Europa la posibilidad de que se hubiese podido desarrollar vida no sería descabellada. En cualquier caso es algo sobre lo que habrá que seguir investigando y sobre lo que tendrán que arrojar luz futuras misiones a Júpiter y a sus satélites.