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Tras
una explosión supernova el objeto remanente colapsa bajo su propio peso por
efecto de la gravedad al haber agotado ya todo su combustible nuclear que
mantenía a la estrella en equilibrio. En un momento dado, cuando la masa de
la estrella originaria no exceda de 8 veces la masa del Sol, el colapso se
detiene y toda la masa queda constreñida en un esfera de apenas varios
kilómetros de diámetro.
La
presión es enorme en el interior y por conservación del momento angular,
gira sobre si mismo a una gran velocidad. Es lo que se conoce como
estrella
de neutrones. Cuando además la atmósfera exterior de este objeto compacto
que contiene gran cantidad de electrones interacciona con el campo magnético
se genera un haz de radiación, generalmente en el rango de las ondas de
radio, que sale del púlsar en dos sentidos distintos a lo largo de un eje.
Cuando este haz es interceptado por los radiotelescopios en la Tierra se
perciben pulsos de radio cada pocos segundos, que es el tiempo que tarda un
púlsar en rotar sobre si mismo.
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